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La Generación De Las Nuevas Adicciones

Introducción:

El concepto de conducta adictiva ha sido definido como el uso repetido y abusivo de una sustancia y/o la implicación compulsiva en la realización de una conducta determinada que, de forma directa o indirecta, modifica el medio interno del individuo de tal forma que obtiene un reforzamiento inmediato por el consumo o por la realización de esa conducta (Pomerleau y Pomerleau, 1987).

El vertiginoso desarrollo de las nuevas tecnologías hace que estas estén presentes en nuestra vida cotidiana de forma constante, llegando a ser imprescindibles para nuestros quehaceres diarios. Normalmente, la sociedad actual relaciona el término de adicción al consumo de sustancias, pero la realidad nos pone de manifiesto la existencia de las llamadas “adicciones sin sustancias” o  “nuevas adicciones”, que surgen cuando son  mal utilizadas e impiden la realización de otras actividades.

Aunque este tipo de adicción puede darse en cualquier rango de edad, demográficamente son los adolescentes los que más lo sufren. De hecho, en un estudio realizado por la Fundación Pfizer (2009), se observo que el 98% de los jóvenes españoles de 11 a 20 años es usuario de Internet. De ese porcentaje, siete de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de, al menos, 1,5 horas, pero sólo una minoría (en torno al 3% o al 6%) hace un uso abusivo de Internet. Estos datos, nos confirman  el dato alarmante de que hay un alto grado de uso de las nuevas tecnologías entre los adolescentes y jóvenes (Johansson y Götestam, 2004; Muñoz- Rivas, Navarro y Ortega, 2003).

Señales de alarma:

Los principales indicadores  que nos ayudarían a identificar una posible dependencia a las TIC o a las redes sociales y que pueden  reflejar el paso de una afición en una adicción en adolescentes son las siguientes (Young, 1998):

  • Privarse de sueño 
  • Descuidar otras actividades importantes, como el contacto con  la familia, las relaciones sociales, el estudio o el cuidado de la salud.
  • Recibir quejas en relación con el uso de la red de alguien cercano, como los padres o los hermanos.
  • Pensar en la red constantemente, incluso cuando no se está conectado a ella y sentirse irritado excesivamente cuando la conexión falla o resulta muy lenta.
  • Intentar limitar el tiempo de conexión, pero sin conseguirlo, y perder la noción del tiempo.
  • Mentir sobre el tiempo real que se está conectado o jugando a un videojuego.
  • Aislarse socialmente, mostrarse irritable y bajar el rendimiento en los estudios.
  • Sentir una euforia y activación anómalas cuando se está delante del ordenador.


Por ello, el conectarse al ordenador nada más llegar a casa, encender el ordenador  nada más levantarse y ser lo último que se hace antes de acostarse,  reducir el tiempo de las tareas diarias  como: comer, dormir, estudiar o charlar con la familia, configuran el perfil de un adicto a Internet. Más que el número de horas conectado a la red, lo determinante es el grado de interferencia en la vida cotidiana (Davis, 2001).

Estrategias para la prevención:

El uso de las nuevas tecnologías e internet en el hogar es una práctica muy integrada en todos los hogares españoles. Por eso, es muy complicado para un padre pedirle a su hijo que no abuse de ellas, cuando es él mismo el que se las pone al alcance de la mano. Además, en muchas ocasiones son los adolescentes los que enseñan a los padres como utilizarlas.  

A pesar de ello, los padres deben ayudar a los adolescentes a desarrollar las habilidades sociales adecuadas, lo que, entre otras cosas, supone (Ramón-Cortés, 2010):

  • Limitar el uso de aparatos y pactar las horas de uso del ordenador.
  • Fomentar la relación con otras personas.
  • Potenciar aficiones tales como la lectura, el cine y otras actividades culturales.
  • Estimular el deporte y las actividades en equipo.
  • Desarrollar actividades grupales, como las vinculadas al voluntariado.
  • Estimular la comunicación y el diálogo en la propia familia.

Conclusiones:

La prevención ante este tipo de adicciones es fundamental para que no se conviertan en un dato preocupante. Por ello, tanto padres como educadores, deben instruir a los adolescentes en el uso adecuado de esta droga silenciosa y bien vista socialmente.

El hecho de tener en sus manos el último modelo de Iphone, HTC, el tener el ordenador más moderno con las últimas actualizaciones, etc., conductas todas ellas alentadas por la sociedad consumista en la que nos encontramos inmersos no ayudan a que esa prevención pueda llevarse a cabo de manera fácil.

 

Bibliografía:

Pomerleau OF, Pomerleau CS. (1987). A behavioral view of substance abuse and Addiction. J Drug Issues;17:111-31.

Young, K. (1998). Internet Addiction: The emergence of a new clinical disorder. Cyberpsychology & Behavior, 1, 237-244.

Johansson, A. y Götestam, K.G. (2004). Internet addiction: characteristics of a questionnaire and prevalence in Norwegian youth (12-18 years). Scandinavian Journal of Psychology, 45, 223-229.

Muñoz-Rivas, M.J., Navarro, M.E. y Ortega, N. (2003). Patrones de uso de Internet en población universitaria española. Adicciones, 15, 137-144.

Fundación Pfizer (2009). La juventud y las redes sociales en Internet. Madrid: Fundación Pfizer.

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